La noción de geopolítica en ALEKSANDR DUGIN y sus implicaciones para américa latina: una cosmovisión del mundo y las relaciones de poder

Dugin: el hombre que algunos consideran el filósofo más peligroso del planeta

Aleksandr Dugin es un hombre que, en tiempos de la división de trabajo, reúne varios títulos que lo hacen el ideólogo más importante del proyecto geocultural y geopolítico del Kremlin; comparado incluso con Rasputin, otrora asesor de los grandes zares. Dugin es politólogo, filósofo, historiador, sociólogo, traductor, intérprete, y relacionista público. Consciente como pocos de la importancia de una educación integral, que forme al ser humano en las siete artes liberales, Dugin ha dedicado su vida al estudio del hombre y las relaciones de poder en su amplia complejidad.

A juicio del filósofo ruso, es necesario que el mundo trascienda del fascismo, el comunismo y el liberalismo: en la multipolaridad hay un estadio más elevado de desarrollo.

El enfoque muy particular que se deduce de sus reflexiones sobre las actuales teorías del sexo, género y las orientaciones sexuales (estudios LGBT), son todavía analizadas.

Con respecto a este tema, es esencial la lectura del artículo de Joseph Gelfer (2018), en el cual expone la complejidad del pensamiento de Dugin sobre la cuestión del género en la humanidad.

Crítico del liberalismo occidental y las tendencias globalistas, Dugin es admirado por los círculos más tradicionales, nacionalistas y conservadores de Europa, ubicados en la derecha de los espectros políticos nacionales. Inspirado en Heidegger, Nietzsche, Haushofer, Ratzel y Mackinder, entre otros. No debe ignorarse que Aleksandr Dugin ha sido sancionado por Occidente, debido a su vinculación con las operaciones militares de Rusia en Georgia (2008) y Ucrania (2013–2014). En particular, como se evidencia en Spannaus (2018), el interés mostrado por Donald Trump en mejorar las relaciones con Rusia, ha hecho que este se convierta en el objeto de fuertes críticas a su gestión, principalmente en el seno de las instituciones estadounidenses. Aleksandr Dugin ha manifestado públicamente sus simpatías por Donald Trump en varias ocasiones.

Aleksandr Dugin no comparte la noción de libertad occidental y tampoco la doctrina de derechos humanos. La libertad no reside estrictamente en la dimensión de la persona, sino en un rango más amplio y complejo, razón por la cual no ideología de los derechos humanos. Dugin cree que ni la identidad de una persona, ni la cultura humana, ni la sociedad en su conjunto, pueden reducirse a la individualidad. En la tradición rusa, la noción de libertad tiene una dimensión más colectiva que individual. La tensión entre el liberalismo y el anti-liberalismo es uno de los puntos cruciales de la crisis ideológica, tecnológica e identitaria que enfrenta el mundo en los actuales momentos. En eso parece coincidir el intelectual liberal Bernard-Henri Lévy, de origen francés, cuando discute con Aleksandr Dugin:

Bernard-Henri Lévy: Hay una gran lucha entre los valores liberales y no-liberales en el mundo entero.Y esta lucha también ha afectado a Occidente. Hay liberales en Rusia, y nosotros también los tenemos en Europa. El liberalismo hoy se enfrenta a la misma crisis de confianza y legitimidad que enfrentó en la década de 1930; al comienzo del siglo XX. Y en esta lucha, Sr. Dugin, le digo que ya nos estamos acercando al final de la discusión y muy pronto estaremos en los lados opuestos de las barricadas: usted en uno y yo en el otro.

“Fundamentos de geopolítica: el futuro geopolítico de Rusia”, publicado en 1997 por Dugin, es en Eurasia un libro de lectura fundamental — y hasta obligatoria — en las academias militares y las universidades, particularmente en los programas de estudio sobre politología, sociología, filosofía, antropología, estudios liberales o artes liberales — que hoy en día se entienden, por lo general, como programas interdisciplinarios; en otros casos, estos programas pueden tomar una dimensión todavía más compleja, partiendo de los orígenes de la palabra liber — , culturología (культурология), relaciones internacionales, etcétera. Después de la publicación del libro de Dugin, sus ideas se viralizaron y se hizo muy popular el estudio de la geopolítica.

A grandes rasgos, el libro expone la necesidad geopolítica de establecer tres alianzas principales: Moscú-Berlín, Moscú-Tokio y Moscú-Teherán. La Idea, a lo largo de la obra de Dugin, se muestra como el hilo conductor del proceso histórico; la lucha de los pueblos del mundo es más espiritual que material. En ese sentido, su trabajo como historiador podría recordarnos a Christopher Dawson. Dugin aboga por la primacía del logos, la tradición, el orden, la jerarquía y la religión. En su pensamiento filósofico se mezcla el misticismo con la eugenesia, el ecologismo y la teología. El ingeniero aeronáutico Robert Zubrin (2018) considera que el movimiento duginista es un culto satánico; una amenaza para el mundo entero.

El mundo entendido en dos grandes bloques: el atlancismo y el eurasianismo: las potencias terrestres-euroasiáticas y las potencias atlánticas-marítimas han estado históricamente en un estado de lucha y tensión. Dugin propone la difusión del anti-americanismo en todo el mundo, al visibilizar a los Estados Unidos como el culpable ideológico y material de las crisis que vive el planeta. Dugin considera que Estados Unidos debe ser atacada desde adentro, es decir, a través del fomento del caos interno. La composición étnico-demográfica de los Estados Unidos es una mecha que Dugin advierte que Rusia puede usar a favor de sus intereses geopolíticos. La importancia de leer a Dugin reside en que una buena parte de sus recomendaciones ha sido efectivamente aplicada por el Estado Ruso, en el marco de perfilar su política exterior estratégica. Su obra, en sentido pedagógico, forma al nuevo ciudadano ruso a través de los centros universitarios.

El Kremlin se perfila como una futura superpotencia mundial y sigue un plan detallado para desplazar a los Estados Unidos, en donde Alemania juega un papel fundamental. Para erigirse como superpotencia mundial, los rusos necesitan aliarse con los alemanes: el desarrollo tecnológico alemán y la fuerza bélica rusa podrían formar un bloque que derrote a los Estados Unidos — y sin ignorar, claro está, que Rusia es el país más rico del mundo en recursos naturales, si bien es cierto que también es el más grande — . Rusia, en sus actuales dimensiones y condiciones, no tiene cómo vencer a los Estados Unidos, razón por la cual necesita volver a expandirse en Europa y balancearse con aquellos que tienen lo que a los rusos les hace falta. Dugin sostiene que la OTAN debe desaparecer, con el fin de que Rusia vuelva a recuperar sus ex-satélites soviéticos. Europa Central y Europa Oriental son, en términos geoeconómicos y geoestratégicos, esenciales para el proyecto de la nueva Gran Rusia. Para que el eurasianismo derrote al atlantismo, Dugin afirma que se debe establecer una coalición de naciones anti-americanas, incluidos Alemania, Irán, Japón y otros países de Europa y Asia. La idea de una alianza entre Rusia, Japón y Alemania no es nueva: tuvo apogeo en los tiempos de Adolf Hitler, cuando Haushofer se lo aconsejó al Führer.

Dugin responsabiliza a los Estados Unidos por el colapso de la Unión Soviética, desea especialmente que Rusia estreche una alianza con Alemania en contra Estados Unidos, y posteriormente, partiendo de ello, con países como Francia, que alguna vez fue uno de los principales aliados de Rusia. Para dicha empresa, resulta necesario desmontar a la OTAN (NATO), el brazo militar-estratégico de los Estados Unidos en Europa. Europa Central y Europa del Este tienen una gran importancia estratégica: no es un hecho aislado que, en el año 1904, el experto brtánico en geopolítica, el señor Halford Mackinder, dijo en una conferencia titulada ‘El pivote geográfico enla historia’, que cualquier nación que gobierne Europa del Este gobernaría en Eurasia y el resto del mundo. Una afirmación que los Estados Unidos ha tomado muy en serio, especialmente cuando ha preferido arriesgar la estabilidad geopolítica del Mar Mediterráneo Americano, su área más próxima de influencia, antes de permitir que el proyecto geopolítico de la Gran Rusia siga sumando nuevos espacios. Dugin propone evitar que Ucrania sea vista como una suerte de cordón sanitario, a través del cual busque frenar el proyecto geopolítico mundial de los rusos.

China y Turquía, aunque actualmente se presentan como socios de Rusia, han tenido una larga historia de conflictos bélicos y étnicos con la nación eslava — y no son pocos los analistas que hasta han recomendado que Rusia propicie una balcanización de ambos países — . La posición de Dugin frente a estos países podría estar aún en definición, si se toma en cuenta que, en sus más recientes trabajos académicos e intervenciones en medios de comunicación, ha cambiado su postura. Algunos sugieren que el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, no ha estado de acuerdo con la posición de Dugin con respecto a China. De modo que, en beneficio del proyecto geopolítico de la Gran Rusia, que es a largo plazo, aún los rusos están calibrando hasta qué punto es conveniente o no la expansión geopolítica y geoeconómica de China. La importancia de la alianza entre Tokio y Moscú se ve cuestionada por las relaciones con China.

No debe ignorarse que, aunque el potencial de la cooperación estratégica entre China y Rusia es muy grande, especialmente si esta se orienta a desplazar a los Estados Unidos como la única superpotencia mundial, lo cierto es que el creciente poder e influencia de China representa una amenaza a mediano y largo plazo en Siberia. Aunque China y Rusia han sido aliados hasta cierto punto, sus intereses no siempre coinciden. Un enfrentamiento entre China y Rusia es una amenaza latente.
El papel de América Latina

Aunque los países de América Latina tienen una tradición judeocristiana, base esencial de la civilización occidental, aún prevalecen algunas de sus raíces indígenas, particularmente en países como Perú, Ecuador y México. En Perú, por ejemplo, los apellidos indígenas aún se conservan y son parte de la cotidianidad.

El reconocido politólogo Samuel Huntington (1998) señala que los latinoamericanos no son parte de la civilización occidental, al menos no plenamente. Los latinoamericanos y los rusos están ubicados en una suerte de espacio semi-occidental, cada uno con sus respectivas y distintas razones. Más allá de que los críticos de Huntington vean en su obra algunas tendencias racistas y eurocentristas (Lozada, 2017) — dependiendo del criterio de cada quien — , lo cierto es que su paradigma es uno de los más relevantes en las academias científicas y humanísticas del mundo, incluso en América Latina.

El ensayo de Edward Said (2001) fue uno de las más importantes respuestas a Huntington.. En las principales universidades de Venezuela, por ejemplo, es esencial estudiar a Samuel Huntington para comprender el desarrollo de las civilizaciones del mundo.

Este paradigma se manifiesta también en Beignart (2017) y Millman (2017): ser occidental es un constructo sociocultural que no se limita a la ubicación geográfica. De manera que, podría decirse que Japón es altamente occidental, en términos institucionales, a pesar de estar ubicado fuera del hemisferio occidental.

En particular, los grupos conservadores y derechistas en los Estados Unidos y Europa se resisten a incluir a los latinoamericanos en el grupo de países occidentales. Los latinoamericanos blancos, civilizados y católicos son considerados occidentales, mientras que los indígenas entran en otra categoría.

Latinoamérica se presenta, en estos países, como una suerte de mundo semi-occidental y semi-civilizado. Pete Beinart (2017), liberal estadounidense, señala: “Occidente es un término racial y religioso. Para ser considerado occidental, un país debe ser mayormente cristiano, preferiblemente protestante o católico, y mayoritariamente blanco.

Cuando existe ambigüedad sobre la “occidentalidad” de un país, es porque hay ambigüedad o tensión entre estas dos características. ¿Es occidental América Latina? Tal vez.

La mayoría de sus habitantes son cristianos, pero bajo los estándares estadounidenses, no son del todo blancos. ¿Son occidentales Albania y Bosnia? Tal vez. Bajo los estándares estadounidenses, sus habitantes son blancos. Pero son en su mayoría musulmanes”.

De modo que, queda evidenciado que los factores étnicos, institucionales y religiosos son determinantes en la noción sobre la occidentalidad de un país. Lo geográfico pasa a segundo plano, cuando es evidente que hay pueblos que son considerados occidentales sin que el territorio de su nación esté ubicado en el hemisferio occidental.

Es preciso hacer énfasis en esta cuestión, debido a que es en ella que el pensamiento de Aleksandr Dugin encuentra su mayor potencial y justificación. Como señala Dugin en Morgado (2017), los brasileños no son completamente occidentales y no comparten los valores individualistas-liberales que caracterizan a Occidente.

El pensamiento de Dugin sobre los brasileños se extiende, a grandes rasgos, al resto de América Latina.

La América no-inglesa es concebida por Dugin como una región que tiene el potencial para ser aliada estratégica de los intereses de la Gran Rusia, debido a las contradicciones culturales que existen entre los americanos. Los latinoamericanos deben superar su condición de dependencia con el centro, conquistar la grandeza y oponerse a los Estados Unidos.

Es prioridad para Rusia apoyar a los movimientos culturales y políticos que se opongan a los Estados Unidos, con el fin de desestabilizar a este país, a través de campañas de información, apoyar a los movimientos que puedan exacerbar las tensiones étnicas y fomentar el separatismo.

 

América Latina es una región en la que las tendencias eurasianista y atlanticista están en constante tensión, quizá en una intensidad hasta mayor que en el resto del mundo.

En América Latina, los paradigmas atlanticista y eurasianista no solo se tocan a raíz a los intereses de las grandes potencias sobre este territorio, sino también por su particular geografía, en un céntrico espacio que históricamente ha servido como conexión del mundo en toda la compleja extensión del término: ideas, comercio, emociones, sentimientos, armamento, personas, etcétera.

Debido a su riqueza cultural y constante interacción entre cosmovisiones antagónicas, en América Latina está surgiendo una nueva identidad y es en donde los planteamientos de Dugin sobre la cuarta teoría política adquieren mayor relevancia.

El proyecto eurasianista de Dugin no ha sido planteado por y para Latinoamérica, sino por y para Eurasia, en el marco del surgimiento de la gran Rusia. Pero América Latina es entendida como el espacio de conflicto vital con el enemigo #1 de los rusos: los Estados Unidos de América.

Aleksandr Dugin, considerado la mano derecha ideológica de Vladimir Putin, ha sido una de las voces más radicales en su círculo, con respecto al caso de Venezuela. Mientras que otros asesores han recomendado que Putin tome una posición más moderada en Venezuela, ha sido Dugin el que ha señalado que Rusia, a toda costa, debe apoyar los movimientos anti-estadounidenses en América Latina, incluso militarmente.

A juicio de Dugin, es imprescindible que Venezuela se incorpore a la OCS (Organización de Cooperación de Shanghái), la OTSC (Organización del Tratado de Seguridad Colectiva) y la Unión Euroasiática, esta última sigue los lineamientos de su doctrina geopolítica. Aleksandr Dugin en Álvarez (2016) dijo: “Fue en Venezuela dónde el héroe de la liberación de América del Sur, Simón Bolívar, comenzó su lucha. Que la segunda ola de la descolonización se inicie desde el mismo lugar. Hay que apoyar a Maduro”.

Para el más importante ideólogo de Vladimir Putin, el señor Aleksandr Dugin, Venezuela tiene un papel fundamental en el marco de la estrategia de desestabilización de los Estados Unidos, tanto a nivel interno, como en su eje de influencia.

América Latina, si bien no forma parte, al menos no en términos estrictos, del “eurasianismo”, es vista como un bastión estratégico y de lucha fundamental para que Rusia se pueda convertir en una potencia mundial, luego de que movimientos pro-rusos lleguen al poder en Europa Central y Europa del Este.

Este es un aspecto fundamental que no debe perderse de vista a la hora de analizar la crisis de Venezuela: Rusia se juega su proyecto geopolítico y geoeconómico a largo plazo, mientras que Estados Unidos ve en riesgo su estabilidad como superpotencia, ante una potencia ambiciosa y hostil que ha mostrado tener el potencial suficiente para hacerle daño a su política exterior alrededor del mundo; los estadounidenses ven en Rusia un país hostil y nocivo que debe ser frenado antes de que sea tarde.

Con el control de Alemania, Japón y Francia, después de haber destruido a la OTAN, Rusia tendría el poder del cual carece actualmente.

En estos momentos, Rusia no es una superpotencia. Pero tiene un plan para convertirse en una, y la gran preocupación de los estadounidenses reside en que el proyecto geopolítico de la nueva Gran Rusia no se ha podido frustrar.

El control de Ucrania, Georgia y Venezuela es fundamental en todo esto; el auge de los movimientos de ultra-derecha en Europa, especialmente de aquellos que manifiestan abiertamente su apoyo por Vladimir Putin, es percibido como una potencial amenaza por Estados Unidos, cuyos académicos estudian con atención, desde hace varios años, el proyecto geopolítico y geocultural de Dugin en Europa, que define a Alemania y Francia como objetivos prioritarios para expandir la Gran Rusia.

Un análisis político sobre Venezuela, que ignore el proyecto eurasianista de Dugin, está obviando el pensamiento ideológico del principal asesor de Vladimir Putin; le esconde a la gente la razón que justifica el hecho de que Rusia sea considerada una gran amenaza para los Estados Unidos, más allá de su limitado desempeño en materia económica.

 

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