El pacto histórico con la Patria

Al analizar la relación existente entre la experiencia de la Rusia soviética y la ortodoxia marxista, correlacionándolas, Gramsci llegó a una conclusión de veras interesante: en determinados contextos históricos, es posible ignorar la ausencia de las condiciones revolucionarias infraestructurales. En otras palabras, si hay una vanguardia política compuesta por militantes altivos, corajudos, fuertes, insertados dentro de una fuerza política (partido), y si la misma es suficientemente consistente, es posible actuar de modo ajeno a las condiciones infraestructurales: una vez que se tome el poder, esas condiciones podrán ser establecidas.
En cierto sentido, dicha idea fue anticipada por Lenin en su El estado y la revolución (como señalaría Trotsky), esto es, la perspectiva de la toma del poder en un país agrario para en él hacer efectivas reformas, llevándolo a un patrón industrial y, simultáneamente, estimulando revoluciones socialistas de pleno derecho en países de Europa occidental. Gramsci fue capaz de traducir esa realidad paradigmáticamente.
Para Gramsci, el leninismo es algo diferente del marxismo, una vez que se funda en la tesis (no) marxista de que el eje de la vanguardia política puede actuar antes de establecidas las condiciones de posibilidad concretas: noción que es confirmada por la experiencia rusa y china.

El horizonte cósmico de posibilidades de la Cuarta Teoría Política rumbo a la superación de la posmodernidad

La importancia del Dasein para expurgar el continente europeo del atlantismo se basa en el hecho de que Europa es considerada, en la posmodernidad, “la periferia de Norteamérica (la capital mundial), como cabeza de puente del occidente norteamericano en el gran continente euroasiático. Europa es vista como parte del Norte rico, no en la toma de decisiones, sino como un socio menor, sin intereses propios y características específicas. Europa, en tal proyecto, es percibida como objeto y no como sujeto, como una entidad geopolítica privada de voluntad y de identidad autónoma, de soberanía real y reconocida “(Dugin, p. 243; [p.250, ed. esp.])

La inclusión del Dasein en la arquitectura geopolítica del Cuarto Nomos de la Tierra tiene como objetivo liberar a Europa de los influjos talasocráticos de la hegemonía estadounidense en virtud de la puesta en práctica de un programa pluriversalista que priorizará la multipolaridad, centro magnético y principal directriz epistemológica de la Cuarta Teoría Política. La creación de núcleos políticos autónomos en los que la soberanía de cada Estado-nación sea debidamente respetada desencadenará una disminución progresiva del hegemón imperialista, suscitando la extensión del horizonte cósmico de posibilidades de cada pueblo y permitiendo a las diferentes naciones del globo formar proyectos de vida que juzguen adecuados a sus prioridades. No debemos olvidar que, para Dugin, “la espacialidad es uno de los componentes existenciales más importantes del Dasein, por lo que la apelación al ‘Cuarto Nomos de la Tierra” puede ser vinculada a la hipótesis del tercer sujeto de la Cuarta Teoría Política”

Siria bajo fuego: Primer análisis

La naturaleza de los primeros ataques aéreos con misiles de los EEUU, Reino Unido y Francia fueron más bien improvisados y simbólicos.

Las fuerzas iraníes, rusas y de Hezbollah no fueron atacadas. Assad no sufrió estratégicamente. La oposición siria, que esperaba mucho más, no obtuvo ninguna ventaja seria. Se están realizando manifestaciones masivas en apoyo de Assad en Damasco.

Los comentaristas rusos han remarcado que la propia Francia no lanzó misiles, todos los misiles fueron lanzados por las fuerzas militares británicas y estadounidenses.

A juzgar por el hecho de que todos los misiles fueron lanzados contra objetivos a una distancia prudente de la ubicación de los soldados rusos, parece que la línea de Mattis ganó en Estados Unidos, en oposición a la de Bolton, que ha insistido en atacar directamente a los iraníes y Rusos.

Israel también insistió en lo último.

POSANTROPOLOGÍA

Una sociedad concreta (fenomenal) siempre se compone de dos partes: la superficie y la subterránea. La parte superficial es lo que normalmente denominamos «sociedad», es decir, una esfera de actividad racional donde prevalece el logos (λόγος). Esto es el dominio de lo «diurno». La parte subterránea es la oscuridad, la isla submarina del inconsciente colectivo, la región de la noche social (lo «nocturno»), donde manda el mito (μύθος).

Durante algún tiempo, la ciencia progresista creyó que estas dos partes estaban situadas en orden diacrónico. En los tiempos antiguos (y entre los pueblos «primitivos», el desafortunado «residuo» de la antigüedad), el mito era predominante. Pero el progreso de la civilización suplantó gradualmente el orden mitológico y lo reemplazó con un orden basado en el logos. La comunidad, o Gemeinschaft, es reemplazada por la sociedad, o Gesellschaft (F. Tönnies). Pero esta exaltación optimista no duró mucho tiempo. Mientras que la fe ciega en el supuesto progreso reinaba casi incuestionablemente en la Europa Occidental de los siglos XVIII-XIX, el subconsciente, donde predominan las leyes eternas e inmutables del mito, fue descubierto a principios del siglo XX.

El neoliberalismo es un dogma para fanáticos

Un estado soberano se convierte en un enemigo a ser eliminado en el exacto momento en el cual adopte un modelo de desarrollo económico y geopolítico diferente del credo elaborado por la maquinaria mediático propagandística de Washington y Londres: ningún sujeto puede tener la libertad de ser no liberal. Credo, quia absurdum est.

Desde este punto de vista, entendemos perfectamente cómo, a partir de los años 50 del siglo pasado, los principales aliados del liberalismo atlántico han sido fundamentalistas islámicos, neonazis y juntas militares.

Trump: reconocimiento como "príncipe de este mundo"

Trump ya nos ha dado muchas sorpresas. Y nos trae nuevas cada vez. Inicialmente, fue rechazado por el establishment estadounidense, pero él decidió entonces desafiarlo, y construyó su campaña electoral sobre el anti-globalismo. La sorpresa fue que se aventuró a dar tal paso, pero todavía más lo fue - una sorpresa aplastante esta vez - el que se convirtiera finalmente en presidente de los Estados Unidos: POTUS. Casi nadie esperaba esto. Sorpresa.

Al llegar a la Casa Blanca, comenzó a parecer débil y vacilante, entregando uno tras otro a sus partidarios bajo la tormenta de las críticas de los demócratas y de los medios corporativos. Sus oponentes, sintiendo su flaqueza, comenzaron a preparar la situación para su impeachment. El acento principal fue puesto en una "huella rusa" puramente imaginaria. Trump parecía estar confundido y a la defensiva.

OCCIDENTE Y SU DESAFÍO

La última metamorfosis de Occidente durante su transformación hacia la posmodernidad, que hemos descrito anteriormente, es una construcción puramente teórica. Tal imagen fue elaborada al inicio de la década de 1990, por lo que la lógica de la historia del mundo fue conceptualizada por tanto por aquellos pensadores que aún se conservan en Occidente, antes de que se ceda finalmente el camino a la poshumanidad (posiblemente a autómatas pensantes). Pero entre esta concepción teórica y su encarnación había una brecha decisiva. La reflexión sobre la naturaleza y la estructura de tal Occidente y de tal posmodernidad condujeron incluso a sus propios ardientes apologistas a un estado de horror y desesperación. Por ejemplo, en cierto momento Francis Fukuyama comenzó a regresar de esa imagen ideológica que él mismo dibujó al inicio de la década de 1990 y se ofreció a devolverla, manteniendo a Occidente en la condición en que se encontraba antes de que hubiera llegado a su estación final. Los críticos de Fukuyama, incluido Huntington, también exageraron la calidad y la cantidad de esas barreras a superar por Occidente con el fin de convertirse en verdaderamente global y ubicuo. Desde diferentes puntos de vista todo el mundo empezó a aferrarse a los restos de la modernidad, con sus gobiernos nacionales, la fe en el progreso, sus moralizaciones, tutelaje y fobias, a las que todos hace mucho tiempo se han acostumbrado. Entonces se decidió prolongar el movimiento al objetivo previsto, o al menos simular el balanceo de los vagones y el estruendo de las ruedas en las ensambladuras de los raíles.

Hoy, Occidente mora precisamente en esta brecha entre eso en lo que teóricamente debe convertirse en la época de la globalización, y por el hecho de haber superado todos los obstáculos y derrotado a todas las alternativas, y lo que de ninguna manera quiere reconocer como la nueva arquitectura global de la posmodernidad - con un agujero en vez de un centro. Sin embargo, en este vacío, infinitamente pequeño y en contracción constante, ocurren procesos muy importantes que constantemente cambian la imagen del mundo en general.

LA TERCERA POSICIÓN DE PERÓN EN LA ERA DE LA CUARTA TEORÍA POLÍTICA DE DUGIN

Dugin lanza su Cuarta Teoría Política como la superación de la modernidad y sus excrecencias, entre ellas, como decía arriba, las naciones. Pero también su teoría se presenta como una superación del h ombre moderno y de los sistemas que se fundan en ese hombre: la Primera Teoría Política o Liberalismo, la Segunda Teoría Política, el marxismo y la Tercera Teoría Política, el Fascismo. El fascismo es derrotado definitivamente en la Segunda Guerra Mundial, el Marxismo en 1991 con la caída de la Unión Soviética y solo queda vigente como único triunfador, el liberalismo. Robustecido y expandido a nivel mundial, está hoy en trance a su nueva etapa llamada neoliberalismo acorde a la nueva era post moderna.

Dugin cree que ninguna de estas Teorías Políticas puede superar la modernidad, pues son hijas de ella misma y poseen los mismos fundamentos: el hombre-sujeto de Descartes.

La dimensión colectiva del “Dasein”

Lo que para el liberalismo es el individuo, para el marxismo es la clase social y para el neoliberalismo el “postindividuo”, es decir, el sujeto sobre el que pivota una teoría política, para la Cuarta Teoría Política (en adelante CTP) lo es el Dasein. El Dasein es, según Heidegger, el ser humano entendido como “ser-ahí”, como único ente capaz de “preguntar por el ser” y que es a la vez ser-en-el-mundo, ser-en-el-tiempo y ser-con-los otros. En este artículo nos concentraremos en el Dasein y en explicitar su dimensión colectiva y sus características existenciales que le diferencian del sujeto cartesiano, que es el correlato metafísico del individuo como sujeto del liberalismo, primera teoría política de la Modernidad.

Para intentar entender la idea de Dasein debemos hacer un recorrido por el pensamiento de Heidegger, desde el supuesto “olvido del ser”, que se produce en los albores de la filosofía griega, la “pregunta por el ser” y la analítica existencial del ser humano como preparación al estudio de la esencia del ser u ontología.

Máscara y rostro de la posmodernidad contemporánea

El posmodernismo se presenta de manera confusa, casi bifronte. Decir pos es filosóficamente un no decir, en cuanto la colocación temporal de una noción no establece el contenido explicativo ni, sobre todo, de verdad. Para considerar la transfiguración del todo profana del posmodernismo intentaremos valernos de la contribución de dos estudiosos contemporáneos de gran estatura y, para permanecer en el campo de las anomalías, de antitética procedencia cultural. Nos referimos a Mario Tronti, padre del operaismo [obrerismo] italiano y fino filósofo político, y de Alexandr Dugin, tradicionalista y eurasista ruso.

El eco evoliano de este título pretende, entre lo serio y lo gracioso, evocar un problema cultural – y por qué no, espiritual – de nuestra época. Al igual que en el siglo pasado un “idealista mágico” ha puesto de manifiesto la naturaleza ambivalente del espiritualismo, forma degenerada de la espiritualidad tradicional, es hoy oportuno denunciar la estructura ambigua y escurridiza del posmodernismo, hijo espurio de la modernidad. Filiación de signo negativo aquella detectada por Evola; partenogénesis de signo dudoso, digna de un debate, el del paradigma político, cultural y existencial del posmodernismo. Porque si bien todos los ismos merecen reservas – y Nietzsche ya lo ha dicho todo al respecto – el estatuto del posmodernismo es precursor de dinámicas perennemente inestables, resbaladizas, claroscuras. A ratos inefable, este Jano bifronte – sobre cuya propia existencia autónoma, desvinculada de la moderna, se complace el debate teórico – comporta infinitos problemas de definición. Se cierne como una quimera, el sueño monstruoso que todos soñamos en los momentos de lucidez y que la vigilia de la razón deja olvidado en nombre del sensus communis.

BREVE APROXIMACIÓN A LOS FUNDAMENTOS DEL CRISOLISMO o de la posible construcción de una Cuarta Teoría Política Peruana y Latinoamericana

La batalla de las ideologías políticas en el Perú llego a su fin, y en pleno siglo XXI la victoria le corresponde al Liberalismo que, reinante, impuso su hegemonía frente a sus otros 2 contendientes –el Comunismo y el Fascismo– refrendando su capacidad para mostrarse como la única ideología que más supo alcanzar el modelo de modernidad. Sin embargo, las excesivas concesiones a inversionistas extranjeros –principalmente capitales norteamericanos, franceses e ingleses–, innecesarias entregas de territorio para solucionar problemas limítrofes, desmedidas privatizaciones en desmedro de la industria nacional y escandalosos casos de corrupción ligados a obras públicas, generaron y generan –respectivamente– una ola de críticas y rechazo al liberalismo que ha gobernado al país desde los albores de su fundación, ahora que transfigurado en posliberalismo, sustenta un Estado Tecnócrata liderado por el economista y banquero peruano (anteriormente peruano-norteamericano hasta el 2015, fecha en la que se produce su renuncia a la nacionalidad norteamericana) Pedro Pablo Kuczynski Godard. A ello se aúnan los pedidos ontológicos de identidad, arraigo y valores, que el liberalismo –en tanto teoría netamente economicista y despolitizante– no puede ofrecer, lo que se ha plasmado en el fracaso de la llamada Marca Perú[1] como política del Estado Posliberal Peruano de promover una identidad basada en el consumo. Todo lo anterior ha llevado a que el ciudadano peruano se sienta desarraigado, desidentificado y apolitizado, en tanto a la fecha no hay una opción política que no sea otra que la liberal, sumado al hecho que las teorías que surgieron como alternativas al liberalismo, fracasaron en su cometido de brindar aquella idea de modernidad y progreso socio-económico y cultural. Sin embargo, hay una retórica y una práctica latente en la sociedad peruana contemporánea que va más allá del liberalismo, el comunismo y el fascismo y que solo espera convertirse en teoría. En el presente ensayo se tratarán sobre las posibles bases que den pie a la construcción de esta tan necesaria Cuarta Teoría Política Peruana, como nuevo paradigma político peruano del Siglo XXI, acorde a los nuevos tiempos, y a las nuevas exigencias y demandas del pueblo peruano y al nuevo escenario de la posmodernidad, y que por sus bases se podría configurar también como un nuevo paradigma político latinoamericano.

EL TERCER TOTALITARISMO (CRÍTICA DESDE LA CUARTA TEORÍA POLÍTICA)

La sociedad liberal, oponiéndose a las sociedades de masas del socialismo y del fascismo, se convirtió en una sociedad masificada, estandarizada y estereotipada. Cuanto más aspira el ser humano a ser extraordinario en el contexto del paradigma liberal, tanto más se vuelve similar a todos los demás. Lo que el liberalismo trae consigo es precisamente la estereotipación y la uniformización del mundo, destruyendo la diversidad y la diferenciación.

Por lo tanto, el propio hecho de declarar al individuo como el valor más alto y la medida de todas las cosas (liberalismo) es en sí mismo una proyección de la sociedad, es decir, una forma de influencia totalitaria y de inducción ideológica. El individuo es un concepto social - sin la sociedad, el ser humano mismo no sabe si es o no es un individuo, y si el individualismo es o no es el más alto valor. El individuo aprende que él es un individuo, una persona particular, sólo en una sociedad en la que domina la ideología liberal, que realiza la función de medio ambiente en la operación. Así que aquello que niega la realidad social y afirma la individual también posee en sí mismo una naturaleza social. En consecuencia, el liberalismo es una ideología totalitaria que insiste, por métodos clásicos de propaganda totalitaria, en que el individuo es la instancia suprema.

LA REBELIÓN CONTRA EL MUNDO MODERNO DE STEVE BANNON

Trump se prepara para nuevas invasiones, y sin ninguna consulta con Rusia e incluso en contra de ella. Esto significa un cambio brusco en su posición. Indirectamente, muestra una vez más que Trump no tenía ningún apoyo ruso, pero la presión del Pantano sobre él, las falsas noticias sobre los hackers rusos, funcionaron: de ahora en adelante, expresar cualquier simpatía hacia a los rusos, por cualquiera, es visto en los EE.UU. como “Crimen de Estado”. Por supuesto, tras el ataque sobre las tropas de Assad y el envío del escuadrón a las costas de Corea del Norte, y especialmente después de la destitución de Steve Bannon, todas las sospechas de la deslealtad de Trump hacia el Gobierno Mundial y la élite global han sido eliminadas (esto ha sido expresado y reconocido directamente por el universalmente reconocido presidente del lobby globalista, Farid Zacharias). Al mismo tiempo, la rusofobia en los Estados Unidos y los países occidentales continuará y sólo crecerá. Una campaña de mentiras es sobrepasada por otra en el tiempo. Pero esta es la sociedad post-industrial de la información, lo que buscábamos. Bienvenido al mundo virtual. La realidad es abolida como algo obsoleto. En una palabra, Trump llegó al poder no con el apoyo de Putin, algo que ahora está claro. Sin embargo, nadie le quita la culpa a Putin. Por el contrario, es más culpable que nunca. Gran giro.

Tierra, Mar y Katechon

El hombre asumió el principio de territorialidad desde el mismo momento que dejó de ser nómada, cuando en el lejano Neolítico comienza a establecerse en un territorio determinado, bajo comunidades de cierta amplitud, y con un código de valores y unas normas de convivencia que comienzan a forjarse de forma más o menos difusa, en un principio, y con mayor claridad en el devenir de los siglos. Así podríamos definir, de forma simple y concisa los inicios de la historia de la humanidad civilizada, en lo que nos remite al germen del poder político y del desarrollo de estructuras más o menos complejas que derivan en formas estatales de distinta naturaleza.
 
En este sentido es muy interesante destacar las reflexiones de Carl Schmitt al respecto, quien nos habla de una antítesis fundamental en la base del dominio político sobre el territorio. Se trata de un antagonismo que nos remite a dos tipos claramente diferenciados de entornos: por un lado la tierra y por el otro el mar. Estos dos elementos, que vemos claramente expuestos con posterioridad en la obra de Aleksandr Duguin, cuando nos habla del dominio de la tierra (telurocracia) y el dominio del mar (talasocracia), reúnen una serie de condicionamientos a nivel simbólico que reflejan naturalezas en contraste.

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